ISLA DE MIYAJIMA

Tras nuestra visita a Hiroshima, al día siguiente viajamos a la isla de Miyajima o, según su nombre original, la isla de Itsukushima. Para llegar tomamos un tren local JR hasta la estación de Miyajimaguchi y un ferry hasta el puerto de Miyajima. En total, el trayecto son unos 45 minutos, por lo que mucha gente hace la excursión en el día mientras se aloja en Hiroshima o incluso en otras ciudades cercanas. Nosotros, sin embargo, preferimos hacer noche en un ryokan en la isla para vivir la experiencia relajante de un hotel tradicional de este tipo y para ver la isla sin turistas pasadas las 18:00, que debe de ser la hora en que todo el mundo se va y cierran tiendas y restaurantes, dejando la zona turística de la isla preparada para el sueño de la noche.

«¿Y qué es eso de un ryokan?» Quizás os preguntéis… pues es un tipo de hotel con habitaciones al estilo de las casas tradicionales japonesas. Es decir, con suelos de tatami, ventanas y puertas de madera y papel correderas, mesitas bajas de madera para comer en el suelo y futones para dormir. Estos alojamientos, además cuentan con onsen, que son una especie de piscinas o baños de spa, pero que tienen sus peculiaridades. Es posible encontrar onsen privados (lo cual, claro está, sube el precio de tu habitación), pero lo general es que sean para compartir con el resto de huéspedes. La peculiaridad de estos spa de aguas termales que tienen propiedades beneficiosas para nuestra salud es que hay que meterse en ellos totalmente desnudos. Por ello, están separados y hay uno para mujeres y otro para hombres. En el ryokan te dan una bata o pijama, llamada yukata (una especie de kimono), una minúscula toalla blanca y unas zapatillas, pues dentro de los ryokan, que tienen todo el suelo de tatami, no se puede andar con zapatos. Al ir al onsen, debes dejar tu yukata, ropa interior y zapatillas en una antesala y pasar a la sala de las piscinas ya desnudo o con la minúscula toallita para taparte las vergüenzas. En una pared de la sala hay varias duchas abiertas con banquetas en las que tienes que sentarte para lavar bien tu cuerpo antes de meterte al agua y, luego, al salir, de nuevo debes secarte con tu toallita. La verdad es que es una experiencia, aunque no sea apta para pudorosos… ¡nosotros tuvimos la suerte de pillar el onsen vacío, todo para nosotros! 

Otra experiencia que merece la pena probar en un ryokan es el tener media pensión para que te lleven una cena tradicional a la habitación. A nosotros, desde luego, fue una de las experiencias que más nos gustó de todo el viaje. A las 19:00 una mujer nos trajo las bandejas con una cena de lo más variada (tofu, encurtidos japoneses, pescado, sushi, sashimi, carne, sopa de miso, arroz, postre, té, sake…) y nos explicó un poco, con unos cartelitos que ya traía escritos en inglés y con la ayuda de los gestos, lo que nos traía y nos iba a traer después. Y al acabar la deliciosa cena japonesa, lo retiró todo y montó los futones.

En fin, esa fue nuestra exquisita experiencia con el ryokan, pero por supuesto, cuando llegamos a Miyajima lo primero que habíamos hecho era explorar el pequeño pueblo que hay junto al puerto al llegar, pues en él se encuentra el famoso santuario de Itsukushima, con su célebre y fotogénico tori rojo sobre el mar. Dicen que es una de las tres vistas más bonitas de Japón. No sabemos si será cierto, pero sí que es bonita, sin duda. Obviamente, las calles de esta zona de la isla están llenas de turistas y hay incluso un hombre que te hace fotos con un ciervo que posa a cambio de unas galletas. Increíble… hilarante… si os fijáis bien en esta foto, hasta casi parece que el ciervo ha aprendido a sonreír…

Además de contemplar el tori sobre el mar (o sobre la arena si ha bajado la marea), hay que pasear por las calles en las que se pueden ver otros templos y comer o comprar recuerdos en la concurrida calle de Omotesando. Por cierto, tienes que probar las típicas galletitas momiji manju, que tienen forma de hoja, y si te gustan las ostras, estás en el lugar ideal…

Aunque estas son actividades que te quitarían sólo unas horas de tu tiempo, puedes hacer también distintas rutas de senderismo. La isla es montañosa y boscosa, además de tener algunas playas, así que puedes perderte por ella al nivel que quieras. Muy cerquita del pueblecito del puerto tienes el Parque Momijidani, con varios paseos o rutas que suben al monte Misen y un teleférico que te sube hasta casi la cima del monte. Nosotros hicimos esto último y la verdad es que nos pareció que merecía la pena. Era mediodía y hacía demasiado calor como para subir andando, así que estuvo bien pagar el dinero del teleférico. Desde arriba, las vistas del mar interior de Seto, las islas colindantes e Hiroshima en la costa de enfrente eran muy bonitas.

Por la tarde nos fuimos a la playa ¡por fin! Con el calor tan agobiante que habíamos pasado en Kioto llevábamos ya unos días pensando en la playa… Así que nos fuimos a la playa del Parque de Recreo de Tsutsumigaura, que estaba a 15 minutos andando de nuestro hotel. Junto a nuestro hotel había otra playa, pero no era nada apetecible, llena de algas y barcos. La de Tsutsumigaura tampoco es que fuera una maravilla, pero estaba bien. Estábamos casi solos, las vistas de Hiroshima a lo lejos eran muy bonitas y los sonidos del bosque a nuestras espaldas e incluso algunos ciervos que bajaban hasta la playa pastando hacían el momento relajante. Y tras esto, cuando atardeció ¡nos fuimos a disfrutar de la experiencia del ryokan!

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