HIROSHIMA

Todos sabemos por qué es tristemente conocida la ciudad de Hiroshima. Seguramente la mayoría de viajeros elijan este destino por la curiosidad o el morbo de conocer una de las dos únicas poblaciones sobre las que el ser humano ha lanzado una bomba atómica y por aprovechar su cercanía a la isla de Miyajima, que es un destino que suele ir ligado al de Hiroshima. 

Nosotros llegamos a Hiroshima un día al mediodía y a la mañana siguiente ya nos fuimos a Miyajima, por lo que sólo pasamos una tarde en Hiroshima y nos pareció suficiente. Nuestro hotel estaba muy céntrico, así que, aunque la ciudad es muy grande, si te alojas bien ubicado, puedes visitar todos los puntos de interés turístico a pie. 

Al igual que hicimos en Osaka, comenzamos nuestra ruta turística en el Castillo de Hiroshima, que tiene el mismo tipo de estructura que el de Osaka (torre de varios pisos con tejados japoneses, jardines y fosos de agua que lo rodean). Este castillo, obviamente, también hubo de ser reconstruido, pues la bomba atómica de 1945 lo arrasó por completo (como arrasó toda Hiroshima), así que hoy en día es también un museo en su interior. Se puede subir también al piso de arriba para tener vistas de parte de Hiroshima, aunque la vista no alcanza demasiado lejos porque no es muy alto. En sus jardines hay varios árboles que sobrevivieron a la bomba y se pueden ver también los cimientos de los edificios militares que allí había antes de la catástrofe y el búnker desde el que se envió la primera noticia de la explosión de la bomba.

Nada más salir de los jardines del castillo, tenemos enfrente la Cúpula de la Bomba Atómica y el Parque Conmemorativo de la Paz. Todo esto está en la que fue la zona cero de la explosión de la bomba, de modo que todos los puntos de interés turístico de Hiroshima se encuentran concentrados.

La Cúpula de la Bomba atómica es ese icónico edificio hecho de hormigón que fue el edificio más cercano a la explosión que no quedó reducido a cenizas. En sus tiempos era un pabellón de exposiciones comerciales. La bomba le explotó a 150 metros de distancia y a 600 metros de altura. Unos metros más lejos de la zona cero hubo algunos edificios más, de piedra u hormigón, que también resistieron, pero este es el único que se ha preservado tal cual quedó tras la explosión para servir como recuerdo de la catástrofe. Las demás casas de Hiroshima quedaron reducidas a cenizas, pues eran mayoritariamente de madera. En el Parque Conmemorativo de La Paz hay varios monumentos construidos para conmemorar las almas de los fallecidos por la explosión o por sus efectos radioactivos, que siguieron causando numerosas defunciones hasta finales de aquel fatídico año y en los años posteriores (se estiman hasta 140 000 fallecidos por la bomba Little Boy). Así que uno puede pasearse por el parque y rendirles homenaje o, al menos, un pensamiento. Ahí está también el Monumento a La Paz de los Niños, en el que hay miles de grullas de papel de colores, enviadas desde todo el mundo en honor a Sasaki Sadako, una niña que tenía 2 años cuando cayó la bomba y que sobrevivió, pero desarrolló leucemia más tarde y murió a los 12 años. A unos metros de distancia también podemos ver el Cenotafio para las víctimas, con forma de arco y alineado con la llama de la paz.

Más allá de los monumentos, hay en este parque dos museos interesantes (pero muy lacrimógenos) para conocer qué pasó y por qué, así como sus consecuencias. Nosotros nos confundimos y entramos primero a la Sala Nacional de La Paz en Memoria de las Víctimas de la Bomba Atómica de Hiroshima, pensando que se trataba del Museo Memorial de La Paz de Hiroshima. Si bien es cierto que la sala es interesante, pues nos cuentan varios relatos en primera persona de lo que sucedió aquel fatídico 6 de agosto de 1945, el museo tiene mucho más contenido. Cuando nosotros nos dimos cuenta de que lo que habíamos visitado no era en realidad el museo, ya sólo quedaba media hora para que lo cerrasen y tuvimos que visitarlo a toda prisa, lo cual nos dio mucha rabia porque había mucho contenido que nos habría gustado poder leer más tranquilamente. No obstante, hay que decir que el museo alberga historias e imágenes tan espeluznantes que si eres especialmente sensible y empático no dudes que echarás algunas lagrimicas y puede ser que te entren hasta náuseas en algún momento. Sin duda, una vez has visto los horrores y el infierno que esa bomba desató en este lugar, resulta muy impactante estar pisando el mismo suelo en que aquella barbarie tuvo lugar.

A pesar del terrible mazazo que recibieron, los habitantes de Hiroshima se pusieron pronto manos a la obra y reconstruyeron su ciudad desde las cenizas que les dejaron. Hoy en día es una ciudad moderna por cuyo centro el turista también puede pasear entre centros comerciales y restaurantes en los que disfrutar, por ejemplo, de un rico okonomiyaki, en calles como las de Hon-dori y Aioi-dori.

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