La siguiente parada desde Banff, en la ruta por las rocosas es el parque natural de Yoho, es pequeñito (comparado con los otros) y lo visitamos ya como puerta de salida de las Rocky Mountains. Nos alojamos dos noches en un camping que antaño era campamento de los constructores de las vías del ferrocarril del cercano pueblecito ferroviario de Field: the Kicking Horse Campground. Es un camping muy completo, incluso con duchas, estación de aguas grises y negras y hasta animación diaria para los peques. Así que es muy buena opción para alojarse en Yoho. Eso sí, por la noche se oye de vez en cuando pasar a los trenes, que inundan las montañas de una vibración metálica, con un aire casi místico.
Los trenes que atraviesan las Rocosas son kilométricos trenes de carga que avanzan lentamente. Hay un lugar, en el que paramos al entrar a Yoho, llamado Spiral Tunnel, en el que te explican algunos detalles sobre los antiguos ferrocarriles de la zona y desde el que se puede ver, un poco entre los árboles y si tienes suerte de que pase un tren, la espiral que dibujan las vías del tren para adaptarse al terreno.



Ya en el Yoho Valley hay una larga ruta que se puede hacer en diferentes etapas llamada Iceline Trail. Nosotros anduvimos un tramo que comenzaba al pie de las Takakkaw Falls y llegamos poco más allá de las Laughing Falls. La cascada Takakkaw es uno de esos imponentes saltos de agua que se arrojan con mucha fuerza desde bien arriba, de hecho es la segunda cascada más alta de Canadá, mientras que la cascada Laughing es pequeñita y da lugar a un río entre cuyas aguas se forman pequeñas islitas en las que se puede acampar. El camino que hicimos era muy bonito, primero entre altos abetos, luego por el bosque, atravesando riachuelos por canchales… Pero nos detuvimos poco después de las Laughing Falls para comer y dar media vuelta. Así podríamos ir a ver el Emerald Lake por la tarde.





Al Emerald Lake se puede llegar en coche y, además de unas cabañas-hotel, hay bar. Quizás por eso había allí bastante gente bañándose o haciendo picnic. Es un lago precioso. De nuevo, aguas turquesas y un frondoso bosque que rodea sus orillas, con un sendero por el que se puede dar la vuelta al lago. Nosotros anduvimos un poco hasta que encontramos un rincón agradable y tranquilo en el que darnos un baño. Sin embargo, el paseo alrededor del lago que queríamos hacer después se nos fastidió porque se preparó rápidamente una tormenta.
Como toda tormenta no dura demasiado, bajando del Emerald Lake ya apenas llovía y eso nos permitió hacer una pequeña parada antes de volver a nuestro camping para ver el Natural Bridge, que está cerca del lago. El Natural Bridge es un capricho de la naturaleza en el que el agua fuerte del río ha tallado la roca de tal forma que se cuela por debajo, formando una especie de puente natural de roca. No se puede pasar por él, por supuesto, ¡no está tan bien tallado!

El último día que pasamos en Yoho hicimos la excursión más larga del viaje: subir al lago O’Hara. Para llegar a este precioso lago seguramente tengas que subir andando por la pista (11 kms de ida y lo mismo de vuelta), porque solo hay 3 autobuses al día que te suben desde el parking y para conseguir billete tienes que solicitarlo meses antes y se otorgan por sorteo. Después, para la bajada, puedes intentar cogerlo si quedan sitios libres, nos explicó una de las trabajadoras del parque.

Es cierto que el camino se hace largo (especialmente a la bajada, cuando ya estás cansado), pero es muy cómodo porque va todo por pista y las vistas, con el bosque a los lados y las grandes montañas rodeándote, son bonitas. Por supuesto, merece mucho la pena. El Lake O’Hara reposa sus aguas turquesas muy tranquilamente, con pocos turistas que rompan la paz y, al fondo, se ven y escuchan unas cascadas que llegan hasta él desde un glaciar.
Nada más llegar, acalorados por la larga subida bajo el sol, nos dimos un gélido baño en un embarcadero que había en una de sus orillas. Después de comer ahí, disfrutando de las vistas, echamos a andar para subir a otros dos pequeños lagos que hay allí mismo y luego rodear el lago O’ Hará. Hay un montón de rutas que se pueden hacer desde allí, según lo cansado que hayas llegado o si quieres hacer noche más arriba… A mitad de camino bordeando el lago, nos cayó una tormenta que nos obligó a ir guareciéndonos del agua bajo árboles y rocas. Pero no importaba, el agua cayendo fuerte sobre el lago junto con el olor del bosque húmedo era de lo más relajante. ¡Precioso lugar!





Wapta Falls fue el último enclave natural que visitamos en el parque natural de Yoho. Para llegar al parking de estas cascadas hay que coger una pista que no está en el mejor de los estados, pero, despacito, se puede hacer en autocaravana. Eso sí, cuando llegamos al final, había un jaleo de coches y de gente… Desde el parking, hay que andar por una senda un rato (más o menos 20 minutos o media hora) y llegas a la cascada. Esta es una de esas cascadas anchas, muy anchas, de color blanco lechoso, como si fuera el agua embravecida de una riada.


Y hasta aquí nuestras excursiones y vivencias por Yoho, ahora ya de vuelta hacia Vancouver, última parada: Glacier National Park.
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Un comentario en “YOHO: VALLE DE TRENES Y LAGOS IMPRESCINDIBLES”