AKIHABARA, UENO, NIHONBASHI, ASAKUSA Y GINZA
Tras Takayama viajamos a Tokio, ya en la segunda mitad de nuestro viaje. Tokio es una ciudad tan grande que hay que organizar un poco lo que se quiere ver cada día para mantenerse por barrios cercanos y no perder demasiado tiempo en el desplazamiento. Por otro lado, es una buena base desde la que hacer algunas excursiones en el día. Nosotros decidimos dividir nuestro tiempo en la gran ciudad en dos etapas diferentes, con un viaje de dos días a Kawaguchiko (al monte Fuji) entre medias, para no empacharnos de ciudad, y creemos que fue una buena elección. Además, desde Tokio hicimos dos excursiones de un día: Nikko y Kamakura. De este modo, en nuestra primera etapa en Tokio nos alojamos en Nihonbashi, porque está muy bien conectado para viajar fuera de Tokio y nos movimos por los barrios cercanos (este del centro de la ciudad), mientras que en la segunda etapa nos alojamos en Shinjuku (oeste de la ciudad).
La primera tarde que pasamos en Tokio nos fuimos a las calles de Akihabara, para adentrarnos en el lado «friki» del manga japonés, en los edificios enteros de recreativos y tragaperras (los Taitos y Pachinkos) y los altos edificios con anuncios de colores. En esta zona, además, abundan los Maid Cafés, que son bares en los que las camareras van vestidas de sirvientas y fingen que eres su «amo», que ha vuelto a casa tras un largo viaje, y te cantan canciones y hacen otras tonterías. Así que estas calles están llenas de chicas vestidas con esos vestiditos cortos «de sirvienta» repartiendo folletos para que vayas a su cafetería. Nosotros cotilleamos alguno por una puerta semiabierta, pero no llegamos a entrar porque nos daba un poco de pereza el paripé que habría que hacer y lo turbio que pudiera ser aquello.




Para terminar el día fuimos a cenar a uno de los muchos izakayasque hay en el barrio de Ginza, bajo las vías elevadas del tren, junto a la estación de Shimbashi. Un izakaya es lo más parecido a un bar de tapas que tienen los japoneses. ¡Dentro de algunos incluso se puede fumar! Lo cual resulta extraño, porque en este país fumar está prohibido en casi todas partes, incluso andando por la calle… En fin, los japoneses van a los izakayas a cenar y a beber con los amigos (o solos) cuando salen del trabajo. En estos bares tan animados puedes pedirte pequeñas raciones de comida y lo que quieras de beber, así que es una forma de salir de fiesta también. El cenar pidiendo pequeñas raciones de comida te permite probar cosas diferentes que todavía no hayas comido en tu visita por Japón, así que es muy buena opción. A nosotros, de hecho, nos gustó tanto que al día siguiente volvimos a la zona para cenar en otro izakaya.


Al día siguiente comenzamos la mañana subiendo a la torre de SkyTree, en el barrio de Asakusa. Para ello, hay que comprarse una entrada, que nosotros habíamos cogido con antelación por Internet. Desde estas alturas (634 metros, aunque nosotros nos quedamos un poco más abajo) se ve todo el Tokio que alcanza la vista y, si no hay mucha bruma, se ve incluso el monte Fuji. Nosotros pudimos verlo, aunque se apreciaba un poco mal.


Al bajar del SkyTree, fuimos al Templo Sensoji, pues está muy cerquita y es uno de los principales templos de la ciudad. No obstante, no es un templo al que se pueda entrar, sino que lo ves únicamente desde fuera, así que la visita es rápida. Frente a él hay una calle con antiguas tiendas de recuerdos, la calle Nakamise, por la que puedes bajar y cotillear un poco si te interesa comprar alguna cosa.




Después cogimos el metro para ir al parque Ueno. En este parque hay varios museos importantes, como el Museo Nacional, y un gran estanque lleno de nenúfares. Nosotros paseamos un rato, pero el calor apretaba mucho ya a esas horas del mediodía y tampoco nos apetecía entrar a ningún museo, así que salimos del parque y nos adentramos en la calle Ameyoko, que está llena de tiendas y restaurantes. De hecho, comimos allí para reponer pilas y frescor.



Para esa tarde habíamos comprado entradas para ir a ver un acto de una obra de Kabuki al antiguo teatro de Kabukiza, en el lujoso barrio de Ginza. Este tipo de obras de teatro son antiguas y en ellas sólo actúan hombres, por lo que los personajes femeninos son hombres travestidos que impostan la voz. Todos los actores van muy maquillados y vestidos con ropas tradicionales, pues las obras, que duran hasta 6 horas, son obras clásicas. En el exterior, este bonito teatro antiguo resalta entre los edificios modernos de Ginza, pero por dentro las butacas son terriblemente incómodas y no tiene nada de bonito. Eso sí, su escenario giratorio es precioso. Puede merecer la pena venir a ver un acto de una de estas obras, como hicimos nosotros (se pueden comprar entradas para ver un solo acto), pues la escenografía y el vestuario son muy bonitos y el modo forzado de actuar resulta curioso. No obstante, si no sabes japonés y la obra que veas es un poco lenta con poca acción (como nos pasó a nosotros), pronto te aburrirá.


El barrio de Ginza, como hemos dicho, es una zona de modernos y altos edificios con oficinas y tiendas de lujo. Hay también pequeñas galerías de arte a las que puedes entrar libremente, así que visitamos un par de ellas en nuestro paseo por el barrio. En este barrio se encuentra la estación central de Tokio, que es un edificio de estilo occidental (a nosotros nos recordaba a la estación de Canfranc) y destaca ahí tan pequeñito entre los rascacielos de brillantes cristales azulados.
Una bonita visión de este entorno con un poco de perspectiva desde cierta altura es subiendo a la terraza del edificio de la oficina de correos que hay junto a la estación (nada más salir de ella, a la izquierda). También hay un paseo tranquilo por el parque Chiyoda-Ku, en el que está el Palacio Imperial. Pero nuestro paseo aquí era ya nocturno, por lo que los jardines estaban cerrados y sólo pudimos acceder a una pequeña zona del parque en la que abundaban las quedadas de corredores y, hacia la avenida que termina en la estación de Tokio, lo que abundaban eran las parejas de recién casados haciéndose su sesión de fotos nupcial.



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Un comentario en “TOKIO: LA MEGA URBE”