Al abandonar Yoho y, con ello, las Montañas Rocosas, nuestro camino pasaba por el Glacier National Park. Aprovechando la ruta, hicimos en este parque nacional dos paradas. La primera de ellas fue breve, para ver la cascada de Bear creek. Para llegar a esta pequeña cascada, tan solo hay que andar unos 10 minutos desde el parking. Eso sí, bajas y bajas y bajas… y luego lo tienes que subir.


Seguimos ruta y, después de hacer la última compra en el pueblo de Golden, buscamos un lugar agradable para hacernos la comida y comer en la naturaleza. Nos costó un poco, pero, pasado Golden, encontramos un rinconcito muy tranquilo junto a un bonito río, en la zona de camping de Waitabit Creek Campground.
Por la tarde, siguiendo la carretera transcanadiense 1, encontramos un punto desde el que salían varias rutas hacia la montaña. Nosotros hicimos la del Great Glacier, que te lleva hasta el final del valle. Es una ruta preciosa, de 6 kms (ida y vuelta), sin duda recomendable. Primero avanza por una llana senda de hierba, flanqueada por altos abetos, luego se abre en un claro lleno de flores en el que se pueden ver las ruinas de un antiguo resort del siglo XIX para los viajeros que llegaban hasta allí en tren. En este punto había un puesto con información sobre los animales que habían avistado por el valle en los últimos días (esto se ve en muchos sitios, con anotaciones en pizarras que van actualizando) y ¡vaya con la cantidad de bichos que había por allí! Entre todo aquello, había un aviso de que ese mismo día habían visto a una mamá grizzly con sus oseznos. Nosotros no los vimos… Después, la senda se adentraba por un bosque precioso y tranquilo, hasta abrirse y dejar ver los peñascos de las montañas de alrededor, las cascadas que caían de sus cumbres y un glaciar.



Para pasar la noche no teníamos ninguna reserva, así que primero probamos suerte en un camping llamado Blanket campground, situado a las orillas del lago que debíamos cruzar a la mañana siguiente en ferry (aunque aun en formo de río grande), pero no hubo suerte y todas las plazas estaban ocupadas (este camping no era del tipo de los que hay reservar, incluso con un mínimo de dos días de antelación, sino del tipo de los que no hacen reservas). Intentamos dormir cerca, pero despues de cenar y estar un rato ahí, nos echaron amablemente. Finalmente, como era ya de noche y no queríamos dar mucha más vuelta para buscar, dormimos cerca, en un descampado junto a la carretera, y al levantarnos pudimos bajar a desayunar en una zona de picnic muy tranquila entre el camping y el lago, con baños y todo lo necesario
Para cruzar a la otra orilla del gran lago Arrow, tomamos el ferry en Shelter Bay Ferry Terminal. El ferry es gratuito, sale cada hora y solo cuesta 20 minutos cruzar a la otra orilla. La verdad es que fue muy relajante surcar las inmensas aguas planas y azules de ese lago silencioso. Era un lago inmenso, pero con una calma envolvente.


Al otro lado, quisimos darnos un homenaje y fuimos a ponernos a remojo en las aguas termales de Halcyon Hot Springs, un complejo que también tiene spa y alojamiento. Allí, a la orilla del lago y con vistas, puedes pasar de una piscina a otra el rato que quieras por 15 dólares. Así que allí estuvimos más o menos una hora, pasando por las piscinas de distintas temperaturas.


Después comimos carretera abajo en un área de servicio con mesas de picnic y una pequeña cascadita llamada Ione Falls, donde se estaba muy a gusto. Tras esto, nuestra intención era seguir ruta haciendo pequeñas paradas en algunos lagos y pueblos, pero nuevos incendios nos hicieron cambiar la ruta una vez más y tuvimos que desviarnos un poco. En nuestro desvío, a la altura del pueblo de New Denver, que habríamos querido visitar, pero en el que no paramos por la cantidad de humo que había, pasamos por otros lugares muy bonitos, como el pueblo de Kaslo. Este pequeño y verde pueblo de chalets variopintos al más puro estilo americano se veía muy animado.
Al final de la jornada llegamos a Christina Lake y allí dormimos, en el camping Texas Creek a las orillas del lago. Este camping, equipado con baños y duchas, limpito, tranquilo y con playa de lago incluida, es de los que requieren reserva anticipada con un mínimo de dos días de antelación. Pero en la página web de Camping BC Parks vimos que les quedaban libres 3 parcelas y decidimos probar suerte. ¡Afortunadamente, cuando llegamos les quedaban dos! Eso sí, al ir sin reserva, hubo que pagar en efectivo, así que para imprevistos de este tipo, conviene llevar siempre algo de dinero en metálico.
Y, finalmente, amaneció nuestro último día de ruta por Canadá… Dado que la jornada de carretera iba a ser intensa, para llegar hasta las proximidades de Abbotsford, a las afueras de Vancouver, donde a la mañana siguiente teníamos que devolver la autocaravana, empezamos la mañana con un poco de calma dándonos un baño en la playa del lago, en el camping. El resto de la jornada fue viaje y más viaje…
Poco a poco abandonamos los montes de pinos y los múltiples ríos y lagos y el paisaje fue dando paso a montes secos de antiguas zonas mineras, cada vez más salpicadas de una civilización de casas de madera, ranchos con graneros de película americana y hasta algunos edificios construidos al estilo del lejano oeste. No obstante, las áridas zonas de los pueblos de Osoyoos, Cawston y Keremeos son también tierras de frutales y vides. Así que abundan en estas poblaciones los puestos de frutas y verduras ecológicas, así como el turismo enológico.
Cerca ya de Vancouver querríamos haber visitado los Othello Tunnels, unos antiguos túneles ferroviarios en el cañón de un río que tenían muy buena pinta, pero no pudimos verlos porque estaban cerrados por reparaciones. Así que hicimos un viaje sin paradas en el que tan solo disfrutamos del paisaje que se veía por las ventanillas de nuestra casa a cuestas. Dejamos atrás las tierras áridas del lejano oeste y volvimos a adentrarnos entre montes boscosos conforme nos acercábamos a Chilliwack, donde nos alojamos en el camping Chilliwack River, junto al río, para pasar nuestra última noche del viaje. Este camping no tiene estación de vaciado de aguas grises y negras pero, como nos explicó la dueña del establecimiento, hay cerca dos lugares (sanidump locations) en los que, por 10 dólares, puedes dejar tu caravana vacía: uno en Yale y el otro en Heritage Park.
Y así, tras devolver, limpita y vacía, la casita de caracoles que había sido nuestro hogar durante dos semanas y que nos había ayudado a surcar los bosques de la Columbia Británica de Canadá, terminaba nuestro viaje del verano 2024. Un viaje lleno de paisajes increíbles, lagos turquesa, ríos bravos y lechosos, bosques impresionantes, cañones imposibles, glaciares imponentes, osos, ardillas, marmotas y rincones llenos de paz y belleza: las Montañas Rocosas de Canadá.







Muchas gracias por compartir este viaje con nosotros, si tenéis cualquier duda, ya sabéis como contactar con nosotros.
