PASEAR POR LOS COLORES DE BURANO Y ADMIRAR EL VIDRIO DE MURANO

Como todo el mundo sabe, Murano y Burano son dos islas que se encuentran en la laguna de Venecia y a las que se puede acceder muy fácilmente desde la ciudad de Venecia. Por lo tanto, si tienes tiempo, dedicarles una mañana puede ser muy bonito. Por supuesto, se les puede dedicar un día entero e incluso alojarte allí para disfrutar de su tranquilidad por la noche, cuando haya menos turistas. Nosotros pasamos una mañana y media tarde paseando por ambas islas. Para llegar allí, cogimos el vaporetto desde Venecia y paramos primero en Murano, que está más cerca, para después movernos desde allí a Burano (también en vaporetto) y, al final, volver de Burano a Venecia.

Lo más famoso de Murano es el trabajo que hacen con el vidrio y, sin duda, es espectacular. Se pueden visitar algunos talleres en los que trabajan el vidrio, algunos de ellos, ubicados junto a las tiendas que luego venden los productos. Nosotros intentamos entrar a algunos, pero los pillamos cerrados. Lo que sí visitamos fue el Museo del Vidrio y, por supuesto, callejeando por sus bonitas calles de canales tranquilos, entramos a cantidad de tiendas para no dejar de sorprendernos por la belleza y la complicación del trabajo que hacen con el vidrio y, claro está, comprarnos algún recuerdo. También entramos a ver la bonita Basílica de Santa María y Santo Donato. 

Después de haber curioseado un rato la isla de Murano, nos fuimos a la de Burano, donde comimos y, después, nos dedicamos a callejear y cotillear la isla de los colores. Si en Murano es famoso el vidrio, en Burano lo es el encaje, que puedes ver por todas partes en sus tiendas y que tiene un museo en la isla. Sin embargo, a nosotros, hemos de decir, este tema no nos apasiona especialmente.

Burano, más pequeña que Murano, destaca por la cantidad de casas de colores vivos, pues es lo que le da su personalidad. Así que pasamos el rato dando un paseo por sus coloridas calles y probamos por primera vez un dulce que también es posible encontrar en Venecia y que nos gustó tanto que compramos para traernos a España: el bussolai. Son galletas de suave sabor a limón con forma de rosquilla (en Burano, con forma de S y se llaman burane).

En definitiva, Murano y Burano son dos rincones con mucho encanto, más tranquilos que Venecia, a los que merece la pena dedicarles algo de tiempo. Pero, sin duda, la magia laberíntica y misteriosa de Venecia se quedará contigo para siempre.

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