Norte de Tailandia

Estas publicaciones en el foro van a hablar de nuestro viaje en Tailandia. En este post hablamos sobre el norte de Tailandia (Chiang Rai, Chiang Mai y alrededores…)

DÍA 3: CHIANG RAI

Recién aterrizados y ya nos toca volver a coger un vuelo. Nos dirigimos al norte de Tailandia, para conocer una zona en teoría más salvaje y étnica. Para llegar al aeropuerto de Don Muang, tras darle varias vueltas decidimos coger un taxi. Creemos que fue una decisión acertada, ya que nos quitamos de vueltas en mil transportes diferentes y nos cobró 200 bahts (5,20€) por casi una hora de taxi.

El hotel que reservamos en Chiang Rai a última hora, el Baan Bua Guest House, está muy bien situado en una callejuela tranquila en el centro de la ciudad (tengamos en cuenta que las calles de Chiang Rai no parecerían las de una ciudad si no fuera por el tráfico, con esas casitas bajas de apenas tres pisos). El hotel está en un rinconcito con un apetecible jardín y nuestra habitación era muy amplia, con una cama enorme, ventilador (a estas alturas del viaje ya ha quedado claro que este va a ser un aspecto imprescindible) y baño privado. También por 400 bahts (unos 10,5€) la noche entre los dos, muy económico.

Tras dejar los bártulos en la habitación y comer por ahí, emprendemos nuestro paseo por la pequeña ciudad. Poco a poco nos vamos dando cuenta de que a los tailandeses no les gusta andar. Al menos no pasear por las ciudades. Las calles prácticamente carecen de aceras, sólo caminan quienes se hallan en los mercadillos, aunque a veces incluso ahí puedes ver a gente comprando desde su moto. Hay varios templos que visitar, la mayoría de ellos son parte de un recinto donde hay más edificios que parecen escuelas o conventos de monjes, ya que estos andan por ahí estudiando, con el móvil o simplemente charlando y jugando (ya que muchos son niños o adolescentes). 

Uno de estos conjuntos de templos que visitamos, con una casa negra y un templo moderno con luces esmeralda en su interior, es el Wat Phra Kaew. Lo gracioso es que no sé por qué pensábamos que estábamos visitando la famosa Casa Negra o Baan Dam (que por lo visto se encuentra fuera de la ciudad), una de las principales atracciones turísticas de la ciudad, y nos despedimos tan contentos de Chiang Rai sin darnos cuenta de nuestro error hasta que ya estábamos camino a Chiang Mai. En fin, sin comentarios… La cuestión es que para visitar Chiang Rai en sí, basta con una tarde de callejeo para ir topándose con estos magníficos templos  como Wat Phra Sing, Wat Ming Muang…, que se alzan brillantes de oro y cristales de colores sobre la mugre y el cableado de las sucias calles grises. 

Al ser viernes tuvimos la suerte de poder asistir al Mercado Nocturno, más bien pensado para que los turistas hagan sus compras. Pero lo cierto es que aparte de las compras, hay un par de plazas con escenarios y música y danzas tailandesas en vivo. En una de ellas hay en el centro muchas mesas y cantidad de puestos de comida y bebida alrededor y… ¡Muchos tailandeses! No obstante, si alguien quiere curiosear un mercado auténticamente tailandés, puede visitar uno que no se encuentra muy lejos (este abre de día) y que está lleno de curiosos y extravagantes frutos y pescados (los primeros acosados por las abejas, los segundos, por las moscas), de carne, de ropa sencilla, de ruidos y, sobre todo, de esa mezcla de olores a veces vomitivos y a ráfagas apetecibles. Ñam…


DÍA 4: CHIANG RAI Y CHIANG MAI

Hoy dedicaremos la mañana a visitar el famoso Wat Rong Khun o más conocido como el Templo Blanco. Cogemos un autobús de línea en la estación de autobuses para llegar hasta allí. Es una experiencia recomendable si queremos experimentar cómo viajan de verdad los tailandeses. Un viejo autobús lleno de ventiladores giratorios en el techo, lleno de gente y de paquetes (parece que lo usan también para el correo), de pegatinas y demás decoraciónes tailandesas y con la puerta trasera todo el rato abierta. Por 20 bahts, mas o menos medio Euro, por persona y en media hora estamos en el Templo Blanco (por cierto, el bus te deja en medio de una autopista, que hay que cruzar para ir al templo).

El Templo Blanco puede que no sea lo que uno espera. No se trata de ninguna construcción milenaria ni alberga altares y oraciones. Se trata de una construcción todavía en proceso de un complejo de templos con un propósito… ¿Artístico? ¿Turístico? Eso sí, el blanco resplandeciente rematado en cada esquina con mosaicos de espejo es impresionante. Sobre todo resultan anómalas esas figuras diabólicas del inframundo combinadas con los dragones típicos que custodian las entradas de los templos tailandeses. ¿Quizás quiso su creador darle un toque manga? En mi opinión, un lugar curioso pero prescindible. Recomiendo visitarlo si se tiene intención de pasar por Chiang Rai, pero no venir de propio por él.

Tras la comida, de nuevo en Chiang Rai, ponemos rumbo a nuestro nuevo destino norteño: Chiang Mai. Donde pasaremos los próximos tres días haciendo excursiones. Por 166 bahts por cabeza (4,5 €), nos metemos en un congelador móvil (los tailandeses no conocen el punto medio entre el frío y el calor) que en tres horas nos escupirá en la ciudad más famosa del norte de Tailandia.

Llegamos a Chiang Mai ya a la tarde-noche. Hay que tener en cuenta que en esta ciudad no hay autobuses de línea, de modo que hay tres opciones para moverse: tuk-tuk, taxi o en Song Thaews (una especie de furgonetas rojas que son como un híbrido entre coche de bomberos y coche fúnebre). Conocimos a una pareja de ecuatorianos que, como nosotros, trataban de negociar un precio justo con los taxistas. Su hotel estaba cerca del nuestro así que al final cogimos entre los cuatro una de esas furgonetillas rojas que nos costó 40 bahts por cabeza (1 euro).

Nuestra estancia de 4 noches en esta ciudad fue en un hostal llamado CM City Hostel que está algo alejado del centro (a una media hora andando pero bastante más cerca de la zona de los mercados). Lo único malo es que el baño es compartido con otra habitación, pero el personal es muy amable y el precio está bien (500 bahts por noche en habitación individual, casi 13 euros).

Tras dejar las cosas en nuestro nuevo hogar (¡por fin pasaremos más de dos días en el mismo sitio!) nos ponemos en marcha para ir a ver el Saturday Night Bazar, mercadillo que, como su propio nombre indica, sólo tiene lugar una vez a la semana. En él encontramos, para empezar, mucha, demasiada gente; para seguir, puestos con ropa, zapatos, figuritas, cuadros, velas, maletas, hierbas, aceites, comida y un largo etcétera. En realidad es un poco más de lo mismo que vimos en el mercadillo de Chiang Rai y que veremos en muchos otros. Con una excepción, y es que encontramos algo que andábamos buscando para probar: bichos. Sí, ¡crujientes insectos fritos! Lo que nos pareció curioso es que sólo hubiera un pequeño puesto dedicado a algo que pensábamos que estaría más extendido. Ante nosotros se nos ofrecía un menú con gusanos de seda, grillos, saltamontes, cucarachas, una especie de cucarachones enoooormes que no nos quedó muy claro lo que eran… Optamos por probar lo más pequeñito y menos asquerosito, así que tuvimos el placer de degustar grillos, saltamontes y algún gusano. ¡Sorprendentemente ricos!


DÍA 5: CHIANG MAI

Decidimos pasar nuestro primer día en la zona conociendo la ciudad. La antigua Chiang Mai estaba cercada por una muralla de planta cuadrada, y aunque hoy en día apenas quedan un par de fragmentos de ésta, la forma puede apreciarse perfectamente en el mapa. Nos dedicamos a visitar esta zona, que deja igualmente fuera de consideración a los viandantes, con sus aceras estrechas, inconsistentes y su terrible tráfico.

Callejeando visitamos primero el Wat Chedi Luang, un conjunto con varios templos y una gran pagoda de piedra semiderruida por un terremoto en el centro. Los monjes estaban preparando algún evento, y tuvimos la suerte de poder escuchar a un grupo de músicos que tocaban instrumentos de lo más rocambolescos. Los diferentes templos, de madera oscura, roja, ornamentados con oro… preciosos. El principal, inmenso, impresiona al entrar con su tamaño, sus colores y su gran buda dorado.

Pasamos el día visitando diferentes templos, todos preciosos, como el Wat Phra Singh, Wat Thung Yu, Wat Si Koet…:  Y decidimos terminar el día dando de comer con nuestra piel muerta a estos pequeños pececillos tan simpáticos que se ven en las peceras por todas partes esperando a lanzarse a tus pies como pirañas besuconas en cuanto sumerges los pies. ¡Una sensación muy cosquilleante!

Pero el día no terminaba aquí, tras el relax de los pececillos y una cerveza bien merecida, pusimos de nuevo nuestros pies en marcha para visitar el Night Bazar, otro gran mercadillo con comida, ropa y objetos del mismo estilo que los anteriores y con conciertos de diversos tipos. Cenamos allí en unos puestos, aunque no fue una sabia decisión, ya que no sabemos si fue la sopa de noodles y ternera con sabor a jabón o el delicioso batido de fruta de dragón, pero algo le causó a Clara una indigestión que no le hizo acabar el día de la mejor manera precisamente.

DÍA 6: CHIANG MAI

Hoy nos toca madrugar bastante, pues hemos reservado un tour para ir a conocer la zona de Doi Inthanon, la montaña más alta de Tailandia, a algo más de 2500 metros de altura. El tour organizado no era la opción que más nos atraía, pero tras valorar otras opciones nos pareció la mejor, y la verdad es que no estuvo mal. Precio del tour con la entrada al parque nacional (que cuesta 300 bahts) con la comida incluida: 900 bahts por cabeza (23 euros aproximadamente).

Nos recogieron a las 8:30 y tras hora y media o dos de viaje, llegamos al punto más alto de la montaña (simplemente una paradita para decir que has estado ahí). Por cierto, ¡por primera vez pasamos frío en Tailandia! Después nos llevaron a unas pagodas, bastante modernas, dedicadas al rey y a la reina. A partir de entonces, fuimos descendiendo la montaña con diversas paradas. Andamos un poquito entre la maleza (exuberante y exótica) para contemplar una cascada. Luego visitamos una zona de cultivos de flores y café, donde la guía nos explicó que anteriormente se cultivaba opio, hasta que el rey mandó prohibir los cultivos. La gente de la zona se quejó, preguntando cuál sería su fuente de ingresos ahora, así que el rey les puso estos nuevos cultivos.

Tras esta parada, nos acercamos al pueblo de los Karen, una etnia que habita esta parte del norte de Tailandia, con idioma, ropas y costumbres diferentes. En pequeñas cabañas de madera, levantadas del suelo, tejían algunas mujeres sus ropas típicas y pañuelos que vender a los turistas. Junto al pueblo vimos algunos arrozales que los pueblos de la montaña usan para consumo propio. Lo cierto es que aquel pequeño pueblo de cuatro chozas respiraba calma, sin más turistas que los de nuestra furgoneta, sin apenas gente ni niños correteando por allí.

Por último paramos a comer junto a una gran cascada, nuestro último punto a visitar. A las 17:00 estábamos de vuelta en Chiang Mai.

Tras descansar un poco, visitamos el mercado de Warorot, el mercado de abastos para los autóctonos, situado en el barrio chino de la ciudad. Comida tailandesa, frutos exóticos en su mayoría, flores para las ofrendas a Buda y ropa (esta vez no pensado para los turistas) es lo que podemos encontrar en él. Callejeando de nuevo nos fuimos topando con nuevos templos (alguno chino) en nuestro camino de vuelta al hotel, donde ansiábamos un descanso.

DÍA 7: CHIANG MAI

Hoy hemos decidido alquilar una moto para movernos con total libertad por la zona montañosa de Doi Suthep (muy cerquita de la ciudad). Hasta el último momento tenemos dudas en cuanto a lo de la moto, ya que hemos oído que a veces la policía para a los turistas para multarles si no tienen el permiso de conducir internacional (como es nuestro caso), aparte de que el estilo de conducción tailandés (conducción por la izquierda, adelantamientos en curvas, varios vehículos en el mismo carril…) disuade bastante de ponerse al volante. Pero al final nos animamos y alquilamos una moto durante 24 horas por 250 bahts, que al cambio son unos 6,5 euros (se pueden encontrar más baratas, por 200) que nos traen y recogen del hotel.

Y ahí comienza nuestra aventura por las carreteras tailandesas. Cuestas arriba y abajo, curvas cerradas, mil motos, coches y tuk-tuks peleando por adelantarse… Vamos subiendo la montaña y efectuamos nuestra primera parada de tantas en el hermoso templo de Doi Suthep. Rodeado de tiendas de recuerdos y restaurantes, domina una repisa de la montaña este increíble retiro budista. Los cientos de turistas zumban a su alrededor y las furgonetas, motos y tuk-tuks se agolpan taponando la entrada. Hay que enfrentarse a un buen número de escaleras para subir a descubrir este tesoro, pero merece la pena. Una vez arriba, además de un precioso conjunto de templetes dorados y de todos los colores, podemos disfrutar de las vistas de todo Chiang Mai.

Subimos de nuevo a la moto y, aunque la siguiente parada iba a ser el Bhubing Palace, decidimos no entrar debido al precio de la entrada y a que parecía ser tan sólo un palacio con jardines donde a veces veranea la familia real. Así pues, continuamos subiendo y bajando por una carretera cada vez más estrecha y menos frecuentada hasta llegar al pueblo de Ban Khun Chang Khian Christendom, mucho menos turístico que otros, donde queríamos ver un poco cómo es la vida de los tailandeses de las montañas. Efectivamente, nada más llegar al pueblo nos encontramos con un par de tiendas de recuerdos y una “cafetería” rural para los turistas, pero en realidad estábamos sólo nosotros y los habitantes. Damos  un paseo por esas calles de tierra por las que junto con los perros corretean los gallos, gallinas y sus graciosos polluelos. Las casas de madera o cemento con sus tejados de chapa se extienden camufladas con la maleza.

Seguiremos hacia nuestra siguiente parada, el pueblo Hmong Village. En la empinada bajada que nos conduce a él, tenemos un sobresalto, y es que ¡nuestra moto se ha quedado sin freno trasero! Muy asustados paramos (ayudándonos de los pies para frenar) y pasamos un mal rato pensando en qué hacer (todo el camino es una cuesta en sí) hasta que descubrimos que el problema es tan sólo un sobrecalentamiento. Pero a Jorge, que es el conductor, el susto no se le irá hasta llegar de vuelta al hotel.

Del mismo estilo que el anterior pero más grande, esta vez se trata de un pueblo muy turístico. Sus calles principales están llenas de tenderetes y puestos de comida (o…¿se les podría llamar restaurantes porque tienen mesas y un techo?). Hay alguna zona del pueblo a la que por lo visto hay que pagar por acceder, algo que no nos apetece hacer. Tras un paseo nos metemos a comer en uno de estos “restaurantes”, donde la mujer sólo tiene un plato: una especie de sopa con fideos normales y crujientes y pollo que “no pica”. Vaya mentira esto último… En fin. Acabando nuestro plato nos pilla el monzón, que empieza a caer con toda su fuerza sobre las palmeras y los techos de hojalata. Empezamos a temer por el retorno en moto, pero afortunadamente esta lluvia tropical sólo dura un rato (momento de relajación con vistas a la jungla y sólo la lluvia por música). 

A las afueras de Chiang Mai, hacemos nuestra última parada en el templo de Wat Umong. Es un rinconcito tranquilo y escondido entre la naturaleza donde casi sólo se oyen los cantos de los pájaros y la oración de los monjes, que viven ahí. No encontramos ningún templo tradicional, sino unos túneles con aspecto de cueva que albergan diversos altares para orar a Buda y hacerle ofrendas, así como una gran pagoda de piedra.

Es hora de volver al hotel y descansar de la extenuante excursión en moto. Sin embargo, el monzón todavía debe azotarnos una vez más. Atrapados en un atasco, vemos impotentes cómo una inmensa nube que se está deshaciendo se aproxima hacia nosotros. Y, efectivamente, esta vez nos cae encima. Conducimos bajo la intensa lluvia entre el espeso tráfico de la ciudad.

Nada mejor que una cerveza y un cigarrito al llegar al hotel bajo el porche para contemplar el aguacero con la sensación de plenitud tras un intenso día bien hecho.

DÍA 8: CHIANG MAI Y AO NANG

Hoy amanecemos en nuestra última mañana en el norte. Ya hemos visto todo lo que queríamos conocer, así que, ¿qué mejor manera de pasar el rato que aprovechando para dormir más y darse un famoso masaje tailandés de pies?

Temprano por la tarde sale nuestro vuelo hacia Krabi. Al llegar cogemos un autobús que por 150 bahts por persona (algo menos de 4€) nos llevará hasta el hotel, en la zona de Ao Nang.

Ya estamos en el hotel, y la verdad es que a priori muy recomendable. Céntrico, con unas pequeñas cabañas o mini casa como habitación. Se llama The Krabi Forest Homestay, y aunque es algo más caro que el resto que hemos usado, la zona también lo es, y sale por 550 baht la noche, que viene a ser unos 14 euros entre dos. Salimos a descubrir las playas cercanas y a cenar.

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