BALI, JOYA DE INDONESIA

Venimos de disfrutar de unos días de Java y el volcán de Bromo y sus grandes parajes

En la famosa isla de Bali dividimos nuestra estancia en dos zonas: el sur y Ubud.

Empezamos por el sur. Nos levantamos con calma para el único día que vamos a dedicar a esta zona, ya que nuestra idea es descansar y pasar día de playa.

Para movernos pensábamos alquilar una moto, pero en el momento nos da un mal pálpito y finalmente decidimos que mejor ya lo haremos en otra isla con menos tráfico, aunque aquí todo el mundo se alquila una moto. Realmente, si la coges sin miedo, es el mejor medio de transporte. Sin embargo, nosotros acabamos desplazándonos con los «taxis» de Grab y nos sale prácticamente por el mismo precio, ya que son súper baratos (los taxis normales valen como cuatro veces más por aquí). Así que tener Internet y descargarse la aplicación aquí puede ser de mucha ayuda. Eso sí, este día nos debimos de quedar sin datos y no nos funcionaba la aplicación por momentos, así que tuvimos que hacer algunos tramos del camino andando, lo cual no es muy buena idea porque la mayor parte del rato vas por carreteruchas sin un ápice de arcén y es peligroso. Sin embargo, gracias a ir así, acabamos metiéndonos por un camino que nos sacó a un acantilado con unas vistas espectaculares del mar y las playas colindantes con su propia playa vacía y de virgen arena blanca, y allá que bajamos a disfrutarla un rato.

Por la mañana visitamos, lo primero, el templo de Uluwatu, parcialmente cerrado porque muchas zonas están reservadas sólo para las ceremonias. Pero puede verse por entre las rejas de las puertas y a lo lejos desde los acantilados vecinos. El templo está construido sobre un acantilado impresionante sobre el mar. Ya conforme nos acercábamos oíamos el bramido de las olas, tsunámicas, que no dejan de impresionarnos durante todo el día. Los acantilados y los alrededores del templo se cubren de flores de colores, lo cual, junto a los colores blancos del templo, las rocas y el azul del cielo y del mar, dan una paleta de colores magnífica. Por el recinto, lo más divertido de todo: ¡monos! Aquí tenemos nuestro primer encuentro con monos en estado salvaje. Hay un montón de familias de monitos viviendo por el templo. Puedes acercarte a ellos todo lo que quieras pero… No intentes tocarlos y cuidado con tus gafas de sol o cualquier otra cosa que puedan arrancarte de encima, ya que debe de ser bastante habitual. Nos avisan de ello al comprar la entrada y, efectivamente, el bosquecillo por donde viven los simpáticos ladrones está lleno de gafas rotas….

¡Es hora de conocer la playa indonesia! Nos dirigimos a la playa de Suluban, para la que hay que bajar un buen tramo de escaleras. Al final llegas a un pequeño hueco de arena, entre rocas, casi como una gruta, playa a la que entran unas olas chocantes que impiden cualquier acercamiento al baño… De hecho, las olas nos dan alguna sorpresa y acabamos calados. Divertido y bonito es un rato, pero no te puedes bañar. Encaramados en la roca de la derecha hay varios bares y muchas tiendas de recuerdos.

Nos vamos a nuestra siguiente playa. Es que tenemos ya demasiadas ganas de darnos un baño… Sentimiento que quedará frustrado hasta los últimos minutos del día. La playa a la que vamos ahora es Padang Padang. Para bajar a ella hay que pagar, como un euro. Nos lo pensamos, pero habíamos leído en un blog que era la playa más extensa, con buen baño, que había poca gente, etc., etc. Así que decidimos probar. ¡Error! La marea está alta y eso de «playa extensa» aquí es totalmente mentira. También tendrá que ver el hecho de que hay competición de surf y hay más chiringuitos de lo normal ocupando el pequeño espacio. Pero de normal hay también muchos puestos de recuerdos sobre la propia playa, así como bares y musicota. Resultado: la gente te planta la toalla encima de los pies. De verdad, literalmente. Debe de haberse juntado también la gente más inútil en el mismo espacio reducido. Además somos todo extranjeros, lógicamente, ni un local. 

Tratamos de sofocar nuestro calor con un chapuzón, pero las olas son tan fuertes en la orilla que resulta difícil meterse sin un revolcón importante contra la playa de piedras. Finalmente conseguimos meternos en un momento de calma, pero el agua está tan sucia que duramos ahí lo justo. Nos vamos de este lugar tan incómodo.

Después de comer decidimos ir en busca de una playa que parece de verdad extensa: Dreamland Beach. De camino allí es donde aparecemos en el acantilado desde el que se puede observar la playa, así como nuestra playa desierta debajo y Bingin, a la izquierda, una playa a la que al final nos quedamos con ganas de ir (dicen que al atardecer tiene buen ambiente para tomar algo).

En nuestra playa desierta se está de vicio, pero resulta imposible bañarse también. Las mismas olas azotan con furia a todo lo que se atreva con ellas y el fondo de arena está lleno de rocas contra las que puedes golpearte. Sin embargo, la marea está bajando. Al rato podemos andar desde allí hasta la playa de Dreamland. Realmente es la playa más grande. Aunque también hay que tener en cuenta que la vemos con marea baja. Se está poniendo el sol. Encontramos un hueco de olas furiosas pero sin rocas en la arena. Baño y cerveza para despedir al día.

Un martes 23 de julio nos recoge nuestro chófer del día, Putu, para llevarnos al templo Tanah Lote, al templo Tama Ayun, al templo Pura Gunung y, finalmente, a nuestro nuevo hotel en Ubud. Todo por 600 000 rupias, unos 40 €. Se nos ocurrió cuando le conocimos, llevándonos del aeropuerto al hotel, ya que nos propuso hacernos un tour de un día. Este tipo de tratos con conductores puede ser una muy buena opción cuando necesitas desplazarte por Indonesia, sobre todo en distancias lejanas o difíciles, o cuando no vas a retornar al punto de origen, por no poder devolver un vehículo de alquiler. Y realmente sigue siendo una opción barata.

Putu, por el camino, nos cuenta que mañana empieza en Bali una ceremonia hindú que dura varios días. Nos cuenta que es la religión predominante en Bali y que prácticamente todo el mundo la celebra, primero con una ceremonia en sus casas y luego en los templos. Todas las casas tienen ya sus coloridas y largas palmas decorando la entrada, para proteger y ofrecer tributo. Es la ceremonia para celebrar que el bien vence sobre el mal, nos cuenta Putu, que se celebra cada seis meses.

El templo de Tanah Lote, tras atravesar varias calles de tiendas de recuerdos, te sorprenderá sobre las rocas y el mar. En realidad, un poco como siempre, consta de diversos templos, que se extienden por un paseo sobre el mar, con el templo principal sobre unas rocas que se alzan por encima del mar. Ahora la marea está alta y no se puede acceder, al quedar el paso cortado por esas olas que siempre te pillan desprevenido aquí en Bali.

De camino al templo de Tama Ayun ya vemos que junto a la carretera hay más templetes que casas. Resulta impresionante. Además está todo decorado para la ocasión, con sus curiosas estatuas de bestias, monos y damiselas rodeados con faldas en la entrada del templo y las palmas decoradas curvándose desde lo alto hacia la carretera.

Tama Ayun es un templo que el rey de Mengwi se construyó para orar a sus ancestros, entre otras cosas, en el siglo XVII, así como para ligar de descanso. Dicha familia real aún conserva y mantiene el templo. Se trata de unos jardines rodeados por un canal y con los templos en el centro, tras atravesar un par de patios, a forma de mandala.

De camino a nuestro tercer templo de hoy, Putu nos para a comer en un restaurante de Ubud impresionante, aunque obviamente para turistas, ya que todos los autobuses y coches privados con conductor como el nuestro nos descargan allí. Pero las vistas de los arrozales que aparecen como de la nada hacen que merezca la pena pagar un poco más aunque sólo sea por esta ocasión. Hay que tener en cuenta que estamos comiendo por una media de 5 € por comida y persona todos los días…

Esto es, por cierto, algo impresionante de Ubud. Te mueves por calles atestadas de tráfico con paupérrimas aceras rodeadas de tiendas, casas, restaurantes y hoteles. Excepto algunos callejones que se abren a los lados no ves nada más detrás de las casas. De repente, el patio de algún restaurante o bar te descubre que, nada más ahí mismo, se extienden la selva o los arrozales. Y uno que pensaba estar en un lugar estrecho…

De hecho, una impresión similar nos asalta en nuestra última visita de hoy al templo Gunung Kawi. Podríamos decir que es el templo que más nos ha gustado de Indonesia. Primero, porque no es tan famoso y no tienes altas expectativas. Segundo, porque ni por asomo te esperas encontrarte con un lugar así tras pasar una puerta de un callejón cualquiera. Tercero, porque apenas hay turistas y puedes disfrutar de la calma, del ruido del agua del río y de los grillos. Y podría seguir… En definitiva, tras pagar la entrada comienzas a descender unas escaleras que a la subida se te harán infinitas. Nada más empezar, si te asomas un poco, verás que de repente la jungla se ha abierto a tus pies. Verás que los bancales de arroz se precipitan al valle por el que pasa un río, allá abajo donde después encontrarás los antiguos templos excavados en la roca, verás a unos niños bañándose allá más a la izquierda en las aguas limpias de un canal y verás senderos que se pierden a izquierda y derecha para que explores más a tu gusto, encontrando rincones con agua y templetes. Es un rincón para saborear.

Con este buen sabor de boca, Putu nos lleva ya a nuestro hotel de Ubud: Darta House. Y, como su nombre indica, es la casa de Darta, un paisano muy amable. Es un hotelito muy familiar que sólo tiene tres habitaciones y, por fin ¡limpias! Es que no estábamos teniendo muy buenas experiencias con los hoteles… En el patio tienen también unos templetes. Lo dicho, en Ubud, cada 10 pasos: templo. Y vemos cómo terminan de decorarlo todo para la fiesta de mañana y les observamos colocar sus generosas ofrendas de frutos y flores sobre los altares.

A la mañana siguiente, de hecho, vemos cómo van llegando los familiares y comienzan a bendecirse delante de los templetes, tras haber aportado también sus cajas de bambú con más ofrendas. Realmente es muy bonito poder ver a todo el mundo vestido con los trajes tradicionales de fiesta estos tres días de ceremonia. Los hombres, con faldas blancas o de cuadros negros y blancos, como un tablero de ajedrez, camisa blanca y un pañuelo, del mismo color, alrededor de la cabeza. Las mujeres, aportando una paleta de vivos colores, llevan una falda tipo sarong de diversos estampados y colores y una camisa de encaje, con un lazo en la cintura. Durante todo el día, grupos de niños deambulan por la calle tocando música tradicional con platillos, gongs y tambores, y puedes verlos también metiéndose dentro de una especie de dragón al que dan vida al andar y moverse dentro de él.

Nuestro segundo día en esta zona de Bali es nuestro día para ver Ubud, Ubud ciudad, si se puede llamar así… Esta es una zona muy turística, por lo que las calles tienen algo de acera, así que afortunadamente podemos movernos todo el día de un lado a otro andando.

Comenzamos visitando el Monkey Forest. Se trata de un santuario donde viven cientos de monos en libertad. La entrada cuesta 5 €. Allí les alimentan, pero los monos son libres de entrar y salir del recinto a su antojo. Dentro del santuario hay también templos y lo suyo es darse un paseo para divertirse viendo a estos animalitos tan entrañables. Eso sí, cuidadín, cuidadín con los bichejos tan monos… Como ya hemos explicado antes, hay que tener cuidado de que no te roben cosas y es que aquí hay tantos monos que no ves ni por dónde te vienen los ladronzuelos. Bueno, en realidad, si estás alerta sí que los ves. Se te acercan, calculando el ángulo para saltar sobre tu mochila… Cuando lo hagan, tú estarás un tanto rígido e indefenso, con el mono sobre tu espalda, y tus compañeros estarán a tope haciéndote fotos o un vídeo. Entre tanto… El monito te abrirá la cremallera (sí, sí, saben hacerlo, que lo hemos visto) y cogerá lo que pille para salir corriendo con su botín. 

La mayor parte de los primates están a su bola comiendo maíz, intentando abrir un coco, despiojándose, jugando, durmiendo la mona… Pero nosotros tuvimos que escabullirnos de dos a los que vimos con intención de asaltarnos, que a continuación saltaron sobre otro al que teníamos al lado. Una vez descubierto esto… el paseíto ya no es tan tranquilo, pero divertido, sin duda.

Más tarde visitamos el palacio de Ubud, Puri Saren Agung, de entrada gratuita y donde aprovechamos para comprar tickets para ver esa noche (bueno, a las 19:30) un espectáculo de danza balinesa. Esto puede ser muy buena opción porque a esas horas es ya bien de noche y desde las seis está cerrado todo lo «visitable» . La entrada cuesta 6 € y se puede comprar allí para el mismo día. Parece ser que hay espectáculos de danza balinesa (de distintos tipos: danza kecak, barón, legong, etc.) todos los días, sólo que cada día representan un tipo de danza en un sitio diferente. Quizás, si estás interesado en ello, lo mejor es que des un paseo por Ubud y cojas entradas donde lo encuentres disponible y te cuadre. O puedes preguntar en Información Turística o en tu hotel.

Pero, antes de que acabara el día, dimos un paseo por las ajetreadas calles turísticas de Ubud y tratamos de entrar al templo del agua, Pura Taman Saraswati. ¡Cuál fue nuestra decepción al ver que estaba cerrado! Seguramente a causa de las ceremonias. Al menos, la entrada espectacular que precede al interior del templo estaba abierta y pudimos disfrutar de su estanque de nenúfares. Precioso. Una pena no haber podido ver el resto.

Y ya apurando las horas de luz, nos vamos a dar un paseo por el trekking de Kampujan. ¿Y esto qué es? Pues un paseo que sube sobre un paisaje de selva, casas y algunos arrozales. Una muy bonita «ruta del colesterol» . Nosotros hacemos sólo 3 kilómetros, porque se nos echa encima el atardecer, pero se puede andar mucho más, hasta las terrazas de arroz de Tegalalang.

Se ha hecho de noche y, casi una hora antes de que empiece el espectáculo, ya estamos en el Palacio de Ubud, porque nos han avisado al vendernos el ticket de que fuéramos un rato antes para coger buen sitio. Y sin embargo… Los buenos sitios ya están llenos de gente. Nos sentamos en tercera fila y la verdad es que vemos bastante mal. Tanto que al final del espectáculo nos ponemos de pie en un costado y se ve mucho mejor. La organización, pésima. Y ya sabéis, la gente siempre se vuelve loca y egoísta cuando quiere conseguir el mejor sitio o la mejor foto. No importan nacionalidades ni edad. Quizás haya sitios mejores para ver uno de estos espectáculos tradicionales de la isla. Sin embargo, tener por escenario el palacio añade belleza al espectáculo.

La danza que nosotros vemos es Barong y Legong. El Barong es danzado por dos personas dentro de un disfraz de una criatura que parece un dragón y una persona que actúa de mono, la verdad es que no entendemos muy bien la historia. El Legong, que es lo que nos interesaba ver, lo bailan hombres y mujeres y narran una historia con su baile. La historia tampoco se entiende, para ser sinceros, pero a la entrada te la dan por escrito, para que sepas de qué va la cosa. Y ciertamente resulta precioso ver a esas bailarinas, vestidas como diosas, reluciendo de oro y colores vivos en la oscuridad, que bailan hasta con los dedos de las manos y los ojos, moviéndolos hacia los lados. Si nunca has visto este tipo de danza, no puedes dejar pasar la oportunidad.

Y llegó nuestro último día en la maravillosa y selvática isla de Bali. Para las excursiones que queremos hacer hoy, hemos contratado de nuevo a un conductor, Dek, que nos hará todo el recorrido por unos 50 €. 

Abrimos la mañana con un paseo (para arriba y para abajo…) por los arrozales de Tegalalang. Aunque parezca mentira, hay que pagar para entrar. Sí, sí… Siguen trabajando las tierras pero es un rincón terriblemente turístico. La entrada es menos de un euro, al menos. Como son primeras horas del día, al llegar hay pocos turistas, pero cuando nos vamos ya se está llenando. 

El paisaje es espectacular, similar al valle que nos encontramos en el templo de Gunung. Los arrozales parten la selva y el monte, haciéndolo bajar hasta el fondo del valle en escalones de verde y agua. Simplemente precioso. Aunque hay que decir que puedes ver otros rincones preciosos de selva y arrozales a lo largo de la isla. Aquí te encuentras con un pequeño bar de madera con preciosas vistas a cada 20 metros y con los famosos columpios de Bali, que te balancean sobre el paisaje, pagando un precio, por supuesto, para los que la gente hasta está haciendo fila.

Nuestra segunda parada es mucho más espectacular y auténtica. Se trata del templo de Tirta Empul. Este templo es famoso por sus aguas purificadoras. Tiene unas fuentes en las que la gente se sumerge para purificarse y un estanque donde puedes ver pequeñas erupciones volcánicas en la tierra del fondo. Pero la suerte de hoy no es sólo el poder visitar un lugar así de especial, sino que, al ser el día más importante de las fiestas que estamos viviendo en Bali, coincidimos con la «romería» que hacen cientos de balineses al templo para entregar sus ofrendas.

Apenas hemos entrado al templo cuando escuchamos bajar por una cuesta la música de la procesión. De repente entran cientos de personas, vestidas con los trajes tradicionales y las mujeres con las cestas de bambú de las ofrendas sobre sus cabezas. Precioso. Les seguimos y observamos cómo se colocan una vez dentro: las mujeres depositan las ofrendas sobre unas grandes mesas, ofrendas que tras el rezo y la bendición irán colocando en los diversos altares. Los hombres han entrado por otra puerta pero, al final, todos se sientan de rodillas en el suelo en la parte central. Silencio. Alguien hace unas oraciones en voz alta. Al mismo tiempo, en ciertos puntos de la oración, todos se ponen una flor en el pelo o detrás de las orejas. De nuevo silencio, rezo otra vez y flor. Después varios hombres se pasean entre la multitud arrodillada para bendecirles con un salpicón de agua.

Tras el rezo, la bendición y la deposición de las ofrendas, casi todos quieren pasar también a darse un remojón de agua purificadora por la fuente. Se forma una fila tan larga que nosotros nos abstenemos de hacerlo.

Los niños juegan, ríen y corretean con los amigos, los grupos de adolescentes observan a su alrededor y ríen juntos. El templo se ha llenando de alegría y jolgorio. Hoy es día de fiesta. Y esto lo veremos hoy en cada pueblo y en cada calle de Ubud.

Precisamente, la cara negativa de hacer turismo en una festividad como esta es que también cientos de balineses aprovechan para hacer turismo. Y así nos encontramos nuestro próximo destino, el pueblo de Penglipuran, lleno hasta los topes.

Este pueblo, eminentemente turístico, consta de una larga calle a cuyos costados se extienden las casas balinesas tradicionales de sus residentes. Todas tienen sus puertas en la misma dirección, hacia el volcán Agung, que no anda muy lejos, y la misma distribución de sus estancias. Algo muy curioso es que en cada puerta tienen un cartel donde indican el número de hombres y de mujeres que viven en la casa.

Además de ser agricultores, está claro que viven también del turismo, ya que todas las casas tienen, nada más entrar, puestos donde venden comida, refrescos o recuerdos. Te invitan a pasar a sus casas para que las veas y, ya de paso, a ver si te venden algo. La verdad es que nos sentimos un poco incómodos al principio cotilleando sus hogares, sus patios… Pero hay tanta gente pululando por ahí que entre sus tiendas y eso, al final no parece que estés invadiendo la privacidad de nadie. 

Todas las casas tienen varias estancias separadas y dentro de un patio, que termina con unos templetes y un corral al fondo. Las estancias junto a la entrada son normalmente la casa en sí, donde tendrán los dormitorios. A mitad de altura del patio tienen dos casetas de bambú, cubiertas, una de ellas de paredes cerradas, que se utiliza como cocina. Es una estancia oscura por cuya puerta ves salir el humo de la lumbre. La otra sirve a modo de porche para comer o descansar, simplemente.

Es un lugar bonito, en medio de la selva (por cierto, puedes dar un paseo también por un bosque de bambú a las afueras del pueblo), sin duda interesante. Pero recomendamos evitar la visita en un día de fiesta como este, o parecerá que estás visitando más bien un parque temático.

Las tripas nos rugen ya, pero como Dek nos quiere llevar a un restaurante en concreto con vistas espectaculares sobre selva y arrozales con el volcán Agung de fondo, nos toca hacer por el camino aún nuestra cuarta parada: la cascada Tukad Cepung.

De nuevo toca pagar por entrar a un enclave natural. Un euro. Claro, tampoco te pueden cobrar mucho más… Como siempre, el río y su cascada están allí donde termina el escarpado valle de jungla. Así que todas las escaleras que ahora bajamos, luego costará subirlas… Un enclave para el que hay que pagar entrada es, obviamente, muy turístico. No resulta agobiante, pero nos cruzamos con bastante gente por el camino (en su mayoría familias de indonesios pasando el día de fiesta) y al llegar a la cascada hay, cómo no en esta era de Instagram, fila para hacerse una foto bajo el agua que cae de la roca hacia el interior de la gruta en que nos encontramos. 

Lo bonito de Tukad Cepung es el paseo  chapoteante por el hilillo de agua que nos conduce entre paredes de roca, bajo lianas y agua goteante, hasta la especie de cueva donde se encuentra la cascada.

En el paseo de vuelta vemos, una vez más, a los niños bañándose en las aguas de un pequeño canal.

Nuestra última parada de la jornada es la más impresionante. El templo Besakih, «el templo madre» . Este, según nos cuenta un guía del templo nada más llegar, es el templo más importante de Bali. Es hinduista y tiene varias ceremonias muy importantes que se celebran cada mucho tiempo, una de ellas, cada doscientos o trescientos años; otra, una vez al año, en marzo o abril, con la luna llena del año nuevo hindú. Hacen desde allí una peregrinación andando hasta el mar que dura tres días. Tras ella vuelven, celebran un día de descanso en el que, según nos cuenta más tarde Darta, todo el mundo se encierra en sus casas y en las calles por fin no se oyen los coches. Y, finalmente, regresan al templo al día siguiente para orar.

Para entrar al templo Besakih, complejo del siglo XV, tienes que pagar una entrada de 4 €. Te dan un sarong y te suben en moto por la empinada carretera, ya que este imponente templo está en las faldas del volcán Agung, que asoma majestuoso tras las largas puertas del templo. La entrada también te incluye una breve explicación histórica por parte de un guía que te recibe al llegar. Parece que hay cierta mafia de guías aquí, porque el nuestro nos insiste mucho en que nos tomemos todo el tiempo que queramos para visitarlo y en qué digamos que él ya nos ha hecho la explicación si otros guías nos preguntan. Y así es, otros guías nos preguntan, nos cierran el paso en algún sitio, nos ofrecen entrar por otros donde pone que sólo puedes entrar si vas a rezar (cosa que rechazamos) o nos sacan fotos y después nos piden dinero.

Es una pena que haya muchas secciones del templo cerradas sólo para el rezo, aunque en realidad se puede ver todo asomándote por puertas y muretes. Sin embargo, puedes pegarte un rato paseando por el complejo, ya que subiendo un poco más por el monte, hay un par de templos que pertenecen también al conjunto de Besakih.

Subes y subes… Mirando hacia el volcán, que se abre hueco entre las nubes. Y al final, te das la vuelta y tienes frente a ti el vacío en la distancia que se pierde entre la neblina. A los lados, sobresaliendo los árboles en siluetas entre brumas del atardecer y humos de las lumbres de cena, se nos perfilaba la jungla, tranquila con el sonido de las chicharras.

De nuevo, esa sensación tranquila de disfrutar de una joya sin estar rodeado de otros turistas. Hemos llegado a la conclusión de que la magia está en esas horas justo antes del atardecer. Justo antes de que todo cierre.

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